Por mis errores o no, mi hijo cayó en el mundo de la droga. Intenté todo tipo de recursos, comprobé la indiferencia del Estado y sufrí centros de rehabilitación ineficaces. Cuando todo parecía perdido, cuando no había luz de esperanza, cuando todos me decían “que pronto llegaría el hospital, la cárcel y el cementerio”, por la gracia de Dios o por la obra del destino, aparecieron ellos. Algo nos dijo que ellos iban a poder, que confiáramos en la voz tranquilizadora de Guillermo que desenredó los engaños que mi hijo intentaba con nosotros y con él mismo y nos esperanzamos con la contención de Silvia y sus continuos aciertos. No tardamos en darnos cuenta que esta gente sabía lo que hacía. Que estábamos frente a profesionales de primera línea. Vengo hoy a agradecer profundamente a Graciela, Nico, Nati, Cristian, Luis, a todo el equipo terapéutico. Me tomo el atrevimiento de llamarlos por su nombre de pila porque son para mí como una nueva familia. Ellos lograron combinar el compromiso profesional con la calidez familiar. Ellos pudieron con la enfermedad, ellos lograron con Martín lo que yo no pude lograr en sus 22 años de vida. Hace ya 10 meses que mi hijo está internado, feliz. Somos conscientes de que puede recaer, pero ambos aprendimos que el día a día dependerá de él y de su fuerza de “buena” voluntad, pero tenemos la tranquilidad de que ellos hicieron todo lo posible y no sólo trabajaron hasta llegar al fondo de esta enfermedad, sino que además lo formaron como mejor persona. Me siento orgullosa de Martín e infinitamente agradecida a esta fundación tan poco difundida, aunque considerada una de las mejores de Latinoamérica. Quiero que estas líneas sirvan no sólo para festejar la vida de mi hijo, sino que además se conviertan en una luz de esperanza de otras mamás que, como yo, se sienten caer en un abismo. Gracias… Fundación Juntos Podemos.